LAS PERSONAS LUNES Y LAS PERSONAS VIERNES

Las personas lunes se levantan muy temprano, se activan rápidamente y se integran al trabajo a primera hora, los domingos no se sienten tristes por que se acaba el fin de semana, comienzan a organizar sus objetivos para entrar de lleno a la semana.  El trabajo los mantiene vivos y llenos de energía, tienen una gran cantidad de actividades y buscan responsabilidades.  Se rodean de personas que compartan sus intereses y su activismo laboral. Cuando llegan a su casa asumen que todavía podrían hacer más y muchas veces se retiran a su espacio privado para profundizar sobre lo que no pudieron hacer durante el día.

Las personas viernes arrastran sus pies al trabajo los lunes y piensan que el camino de la semana es largo. Continuamente ven el reloj y evitan a su jefe, el tiempo está en su contra. Se sienten cautivos, con poca libertad y anhelan tener un mejor trabajo, las responsabilidades las ven como una carga y no como un reto a lograr. Su vitalidad renace al final del día y los fines de semana, durante la semana permanecen afectivamente desconectadas.

A veces las personas viernes son producto de un entorno cultural de castigo, control y burocracia impersonal donde son sólo un número más de la nómina, otras veces es un tipo de personalidad basada en pocas ambiciones, inconformidad y expectativas irreales que no se relacionan con su esfuerzo y preparación.   Para las organizaciones dinámicas y con altas expectativas lo más importante en la entrevista de selección es identificar las actitudes y la forma como se van a integrar a su cultura.

Por Javier Novoa

8 CARACTERÍSTICAS DE LOS MEJORES EMPLEADOS

  1. No pierden de vista sus prioridades y cuidan la manera como aprovechan su tiempo. Aportar valor es lo único importante.
  2. Controlan su ego: Admiten que se equivocan, reconocen que los demás les pueden enseñar y evitan lastimar a otros cuando se sienten lastimados.
  3. Eligen las batallas que quieren librar, saben bien cuándo ceder y cuándo luchar para obtener lo que desean.
  4. Cuidan sus relaciones de trabajo, se preocupan por los demás y brindan apoyo a los que lo necesitan. Saben que tarde o temprano serán correspondidos.
  5. Mantienen firme su deseo de seguir superándose y están ávidos de aprender sobre temas técnicos, administrativos, humanos y tecnológicos.
  6. Asumen que cada problema es un reto a vencer y desechan los pensamientos que los hacen ver como víctimas de las circunstancias.
  7. Se trazan metas de corto plazo con una visión de largo plazo.
  8. Aceptan la diversidad de opiniones y expresiones, aunque sean contrastantes, es más importante la armonía y la suma de talentos que las diferencias.

Por Javier Novoa

TRES ELEMENTOS CLAVE DEL LIDERAZGO

El trabajo sin duda, tiene un mayor contenido intelectual, conforme las tareas rutinarias se automatizan los líderes necesitan brindar mayor autonomía y flexibilidad, mayor empoderamiento a las personas para que puedan aportar todo su valor y talento. El liderazgo necesita contar con estos tres elementos esenciales:

Confianza. – La confianza es fundamental dondequiera que exista el riesgo, la interdependencia o la incertidumbre por cambios acelerados.  Cuando la confianza disminuye, los procesos se retrasan y el costo aumenta, las personas se cuidan, evitan compartir información y ocultan sus errores y prejuicios. 

Humildad. – El liderazgo no es acerca de un puesto de autoridad, es acerca de influencia y humildad, de predicar con el ejemplo, exigir lo que uno está dispuesto a dar y reconocer los propios errores. Los líderes humildes se pueden rodear de colaboradores con más capacidad para resolver problemas y no se sienten amenazados.

Congruencia. – Ser congruente implica alinear los propios valores con el discurso, los comportamientos y las conductas de los seguidores.

En una cultura descentralizadas como la que vivimos, un líder humilde que transmite confianza y congruencia obtiene credibilidad y el reconocimiento de sus seguidores que se relacionan honestamente y actúan a favor del bien común.

Por Javier Novoa

HYBRIS: LA ENFERMEDAD DEL PODER

La Enfermedad del Poder o Síndrome de Hybris, es reconocida desde la antigua Grecia, sin embargo, no ha sido considerado como un padecimiento mental por lo que no se diagnostica ni se trata médicamente, ni tiene consecuencias político-sociales restrictivas.  Hybris en la actualidad alude a un orgullo o confianza sobre-exagerada de uno mismo y relacionado especialmente con el poder.

El poder desde el punto de vista neuropsicológico genera una adicción tan fuerte como el alcohol o las drogas, es una enfermedad que no distingue nivel social, educación, género, cultura o religión.  El poder provoca un desequilibrio donde domina el cerebro primitivo, se acentúan los rasgos egocéntricos, hay una preocupación desproporcionada por la imagen y la presencia física, se exageran las expresiones de logro y se devalúa el mundo exterior. 

Las personas enfermas de poder diluyen los límites de la realidad y consideran que sus acciones sólo pueden ser evaluadas por la historia o por Dios, hay una excesiva credibilidad en su propio juicio y desprecio al consejo y la crítica ajena. Como el poder está conectado con emociones primitivas de supervivencia lleva a las personas a buscar posibles amenazas y enemigos. Combaten y se enfrentan con otros para justificar sus temores. Su egocentrismo los lleva a creer que luchan contra el mal y se viven como salvadores.

Manifiestan intolerancia, tienen poca reflexión y son personas impulsivas. Los valores morales se vuelven relativos y están al servicio de sus propias necesidades por ello diversas investigaciones coinciden en que hay una correlación del 97% entre “tener el poder” y la corrupción.  Esta enfermedad no es privativa de presidentes o funcionarios, puede presentarse en cualquier nivel donde se tiene el poder para detener, para tomar decisiones autoritarias y absolutas.

Las personas que padecen la Enfermedad del Poder se enfrentan continuamente a conflictos morales entre “cumplir su propia voluntad” y “servir a otros”. Tarde o temprano la crítica social se vuelve una amenaza que debe ser ignorada o reducida. El trastorno lleva poco a poco al dominio de sus ideas negando los sentimientos propios y de los demás, se convierten en personas insensibles y pueden volverse represores, estos síntomas aumentan en intensidad en función del tiempo que permanecen en el poder.

Para combatir y eliminar el Síndrome del Poder que sufren las empresas, los sistemas y los países,

es necesario contar con una ética clara y específica sobre el comportamiento de los dirigentes y encontrar los mecanismos para evaluar y mantener éticamente íntegros a los que ostentan el poder. Es necesario estudiar y resolver este síndrome (actitud-enfermedad) para beneficio de la sociedad y de la humanidad en general.

Por Javier Novoa

CÓMO CAMBIAR 9 HÁBITOS DEL TELETRABAJO

Hay muchos momentos en que nuestro cerebro se rehúsa a trabajar, nos sentamos frente a la computadora sin energía y con desánimo.  Esto puede mejorar si cambiamos nuestros hábitos:

  1. Ordenar archivos y directorios de una manera lógica y funcional. Lo que utilizamos en este periodo no necesita estar revuelto con archivos de hace cinco o diez años.
  2. La música de fondo puede acompañarnos y levantarnos el ánimo, pero es un mal acompañante si distrae nuestra atención.
  3. Estar disponible para llamadas y redes sociales al momento en que llegan es amable, pero puede ser una mala idea. El tiempo rinde más si acotamos la vida personal a un horario de descanso y evitamos distractores.
  4. Una mala postura al trabajar en un sillón o la cama causa agotamiento rápidamente y reduce la productividad, es importante cuidar nuestra postura.
  5. El trabajo debe tener un sentido diario con actividades y entregables para dar un sentido de dirección y avance. Una lista diaria es clave para no perder el rumbo.
  6. Alterar los ciclos de descanso durmiendo poco un día y muchas más horas otro día altera nuestros ciclos biológicos y puede llevar hasta dos semanas regularizarlos.
  7. Al acostarnos, la intensidad de luz de los gadgets y la televisión reducen la producción de melatonina, la hormona que nos mantiene dormidos. Mientras más brillante sea una pantalla más se puede alterar nuestro ciclo de sueño.
  8. Una hidratación adecuada durante el día y una cena saludable ayudan a mantener la energía, la concentración y la salud.
  9. Ver películas de alta violencia o noticias negativas antes de dormir puede activarnos con temor o enojo, nada recomendable para un buen descanso.

Por Javier Novoa

CÓMO LIDIAR CON JEFES TÓXICOS

Los jefes tóxicos amenazan, regañan, consideran que siempre tienen la razón, difícilmente reconocen un trabajo bien hecho, vigilan (ahora con cámaras y desde su celular) y siempre esperan que los demás se adapten a su forma de ser.  Para lidiar con jefes tóxicos:

  1. Escuchar el mensaje haciendo a un lado las palabras que utilizan y mensajes negativos, separando sólo aquellos puntos que nos ayudan a mejorar nuestro desempeño.
  2. Antes de interactuar con un jefe tóxico prepararse con técnicas de relajación para estar menos receptivo a los ataques y para evitar colocarse en el mismo nivel de comunicación.
  3. Con  jefes irritables que sobre reaccionan es necesario identificar el momento del día donde haya menor tensión laboral para tener las conversaciones.
  4. Cuidar que los mensajes se transmitan con palabras y frases positivas como “soluciones” en vez de “problemas”, “buscar apoyo” en vez de “exigir”, etc.
  5. Llevar un registro detallado de los logros y mostrarlos periódicamente al jefe para modificar su juicio crítico.
  6. En lo posible llevar un registro preciso de lo que pide, la fecha y la hora para evitar confrontaciones cuando cambie las órdenes o se le olviden.
  7. Trabajar con uno mismo para reducir la sensación de amenaza, siempre hay oportunidades y otros lugares donde trabajar.
  8. Cuando sea posible, hablar con el jefe para acordar formas constructivas de comunicación.
  9. Anticipar problemas y comentarlos antes de que se conviertan en situaciones de conflicto.
  10. Ser tolerante hacia la manera de ser de los demás sin comprometer nuestra salud mental y emocional.

Por Javier Novoa

HABILIDADES DURAS Y BLANDAS

Las “habilidades duras” se adquieren a partir de conocimientos técnicos y experiencias en un área específica de negocio. Para los seleccionadores las habilidades duras se demuestran a través de resultados en diferentes situaciones de trabajo, retos, iniciativas y problemas que las personas han experimentado y manejado exitosamente.

Los seleccionadores buscan personas que hayan estado expuestas a situaciones semejantes a las que enfrentarán en el nuevo trabajo para asegurar su permanencia y buenos resultados.  El currículo generalmente hace referencia a algunas de las habilidades duras – logros y resultados – pero es necesario profundizar sobre el manejo de ciertas situaciones. Una vez que los candidatos cumplen con los requisitos, la decisión estará del lado de las habilidades blandas.

Las “habilidades blandas o suaves” se refieren al comportamiento y su afinidad con la cultura de la organización: el liderazgo, la habilidad de negociación, la venta de ideas, la motivación personal hacia el trabajo, su empatía e interés genuino por las personas y el aprendizaje, su manejo emocional ante la adversidad y los conflictos, la orientación y filosofía de vida, la congruencia entre sus valores y sus hábitos.  Por último y no menos importante es la identificación con el jefe inmediato, no siempre el mejor candidato es el que mejor puede funcionar en la relación jefe-colaborador.

Hoy se agregan otras variables culturales como la aceptación de la diversidad y la inclusión y los comportamientos basados en derechos humanos y laborales. Paradójicamente las habilidades blandas que definen la contratación no se enseñan en la mayoría de las escuelas y universidades y pocas veces son parte de una educación consciente de las familias.

Por Javier Novoa

EQUIPOS EFECTIVOS Y NEUROCIENCIAS

Las neurociencias, las ciencias que estudian como percibimos, aprendemos y reaccionamos a partir del cerebro y sus neurotransmisores, nos muestran algunos puntos a tomar en cuenta en el funcionamiento de los equipos de trabajo:

  1. El establecimiento de un vínculo de confianza en las relaciones es vital para la generación de acuerdos y el establecimiento de compromisos. La confianza permite el desarrollo de la empatía y la creación de relaciones duraderas, sin confianza no es posible generar neurotransmisores que promuevan la colaboración.
  2. Los equipos balanceados en género ayudan a incrementar la inteligencia emocional, a aumentar la profundidad y comprensión de los temas y sus implicaciones.
  3. La inclusión, diversidad y equidad contribuyen a la apertura mental y a explorar nuevas posibilidades para lograr altos resultados.
  4. Habilidades clave para un alto desempeño son: aprender a dialogar sobre las barreras mentales y los prejuicios, así como las diferencias en los estilos personales de trabajo.
  5. Un estado de ánimo colectivo enfocado al bienestar contribuye a la conexión interpersonal y a la canalización de la energía hacia la generación de valor y productividad.

Por Javier Novoa